La obra que van a leer, fue escrita con la intención de ser presentada en los colegios para generar consciencia sobre la droga, con el auspicio del Ministerio de Educación y todo. Lamentablemente, por diferencias creativas el proyecto nunca se pudo concretar. Lo publico aquí para que los entusiastas, presenten esta obra en los colegios, en las calles, en las plazas, en los barrios, en las poblaciones, ¡tomémonos los espacios públicos! ¡Llevemos el arte a la gente!
Antonio y Antonia están en la esquina de una calle cualquiera, en un barrio cualquiera. Antonia saca un cigarrillo de mariguana.
Antonia: Antonio, ¿quieres probar las drogas?
Antonio: No lo sé, Antonia. ¿Cómo se siente?
Antonia: Se siente bacán.
Antonio: Bueno, dale.
Antonio comienza a fumar.
Detrás de un efecto de luz y humo, aparece Zap, el alienígena que todos quieren. Tiene lentes oscuros, chaqueta de cuero y un cabello de ensueño.
Zap: ¡Hey! ¿Qué están haciendo mis N-words?
Antonia y Antonio: (asustados) ¡Nada! ¡No estamos haciendo nada!
Zap: ¡Estaban consumiendo drogas!
Antonia: ¡Sí! ¡Es verdad! ¡Antonio es un drogadicto!
Antonio: ¿Qué hueá?
Zap: Así que estás drogándote, Antonio...
Antonio: ¡No! ¡Pero...!
Zap: Tranquilízate, Antonio, no estás pensando con claridad, ¡estás drogado!
Antonio: Estoy tranquilo, Zap.
Zap le da una cachetada a Antonio.
Zap: ¡CÁLMATE!
Antonio: Yo estoy re piola.
Zap vuelve a cachetear a Antonio.
Antonio: Cashual.
Zap cachetea tanto a Antonio que Antonio cae inconsciente.
Antonia: (cagá de miedo) ¡Qué recontrachucha!
Zap: Hablemos de la droga.
Antonia: (llorando) ¡Por favor, Zap, no me hagas daño!
Zap: Jaja, tranquila. Mira, tú eres joven todavía, pero déjame decirte una cosa.
Antonia: (se tranquiliza) ¿Qué cosa...?
Zap: Son pocas las tragedias que vas a tener en tu vida. Una de ellas puede estar relacionada con la droga. Verás, hay veces en que estás fumándote uno bueno y te atoras, y pasa que cuando te atoras, toses y... ya sabes.
Antonia: ¿Qué?
Zap: Si sigues consumiendo mariguana, te va a pasar que un día vas a estar con todos tus amigos drogándote y te vas a poner a toser y de la tos te vas a tirar el manso peo. Va a ser súper vergonzoso.
Antonia: ¿De qué estái hablando?
Zap: A todos nos pasa. A mí me pasó, a tu papá le pasó. Le pasó a todos nuestros presidentes. Y te va a pasar a ti...
Un señor del público se pone de pie.
Señor del público: Perdón, pero... ¿qué mierda está pasando? ¿Qué tiene que ver esto con generar consciencia sobre la droga?
Zap: Señor, siéntese.
Señor del público: No, pero es que al principio parecía tener sentido pero qué es esta hueá de los peos.
Se pone de pie una señora.
Señora: Disculpe, señor.
Señor del público: ¿Sí?
Señora: ¿Usted es parte de la obra también?
Señor del público: ¿Por qué lo dice?
Señora: No, porque yo también soy parte de la obra, entonces quería saber si esta era la parte en que me tocaba hablar.
Señor del público: No, todavía no.
La señora se sienta. Se pone de pie un niño.
Niño: A ver, ¿son todos parte de la obra?
Se pone de pie un palo blanco.
Palo blanco: No creo, eso no tendría ningún sentido.
Se pone de pie un hombre con problemas de ira.
Hombre con problemas de ira: ¡Yo creo que tú dices eso porque eres un palo blanco!
Se pone de pie una mujer racional.
Mujer racional: En ese caso tú también serías parte de la obra.
Se pone de pie un astronauta.
Astronauta: Esto se parece un poco a algo que hizo Leo Masliah.
Se pone de pie Jesucristo.
Jesucristo: Sí, La Tragedia de ir a ver el Titanic. Vamos a escuchar esa hueá mejor. Estamos puro hueviando.
Se pone de pie Bob.
Bob: Vamos a ver el Titanic mejor.
Se pone de pie Diane.
Diane: Yo no la he visto pero me da paja verla porque ya me sé el final.
Se pone de pie Jeffrey.
Jeffrey: A mí igual me da paja.
Se pone de pie Stephanie.
Stephanie: A mí no.
Se vuelve a poner de pie la señora.
Señora: No me acuerdo lo que tenía que decir.
Y así se van poniendo todos de pie, hasta que se pone de pie la última persona.
La última persona en ponerse de pie: Igual, hay que estar muy drogado para escribir algo así, ¿o no?
miércoles, 30 de marzo de 2016
miércoles, 6 de enero de 2016
Vida sana.
Ese día me desperté temprano, completamente decidido. Se acabó, ya toqué fondo o al menos ya estuve lo suficientemente cerca y me gustaría llegar a viejo. No más alcohol, no más comida chatarra y no más mariguana, bueno, mariguana a lo mejor sí. Pero nada de pizza ni papas fritas ni beber alcohol todos los días ni usarlo como excusa para poder dormir o hablar por teléfono sin sentir ansiedad o para hacer amigos, eso nunca más, señoras y señores.
Me puse lo más parecido que tengo a ropa deportiva y salí. Afuera, a pesar de ser las siete de la mañana hacía un calor de los mil demonios. Demás está decir que no aguanté ni una cuadra sin sentir que me estaba muriendo, pero seguí corriendo, esta sensación era buena, morir significaba renacer, como un ave fénix atlética y libre de vicios, aunque esto no es verdad, todo se puede transformar en vicio, incluso para un pájaro en llamas.
No sé cuánto rato estuve corriendo, seguramente no más de treinta minutos pero yo los sentí como cuarenta días y cuarenta noches. Al llegar a mi casa con los pies adoloridos, las piernas tiritando y bañado en sudor, me dejé caer en el sillón. Mi respiración era agitada, cualquiera que me hubiera visto habría pensado que estaba teniendo un ataque de pánico, sin embargo era otra cosa lo que me pasaba, estaba experimentando eso de lo que habla la gente que acostumbra hacer ejercicio y que en otro momento de mi vida (dos días antes) me parecía un absoluto fraude. Me sentí tranquilo, no, no es eso lo que quiero decir, es algo que sentía por primera vez en mucho tiempo, no importaba que me doliera el cuerpo, me había propuesto algo y lo había hecho. La palabra que estoy buscando quizás es plenitud, quizás no, pero digamos que es plenitud mientras intento acordarme. Bueno, fue un instante de plenitud seguido inmediatamente por una sed tremenda. Abrí el refrigerador en busca de hielo que ponerle a un vaso con agua y ahí estaba, una botella de cerveza que había sobrado del día anterior, cuando decidí llevar una vida sana y por lo mismo, tuve la obligación de hacerme mierda por una última vez. Recuerdo que comí papas fritas, bebí una cerveza y luego un vodka y luego a las tres de la mañana se me calentó el hocico y partí en busca de más cerveza, compré dos y aparentemente me tomé una y me dormí antes de tomarme la otra que ahora estaba ahí en el refrigerador mirándome con sus ojos seductores. Mientras analizaba la situación y sus variables (el calor, el cansancio, lo terrible que sería tirar la cerveza a la basura habiendo niños en África que se mueren de hambre) ya me había tomado la mitad. Me la terminé y como no había comido nada me pasaron dos cosas: me embriagué un poco y pedí una pizza que me comí a la velocidad de un ex presidario, la pizza me hizo volver a la sed y la sed al lado oscuro de la fuerza. Compré dos cervezas más y me dormí en el sillón como un bebé.
Ahora me acuerdo, la palabra era vivo. Me sentí vivo.
Me puse lo más parecido que tengo a ropa deportiva y salí. Afuera, a pesar de ser las siete de la mañana hacía un calor de los mil demonios. Demás está decir que no aguanté ni una cuadra sin sentir que me estaba muriendo, pero seguí corriendo, esta sensación era buena, morir significaba renacer, como un ave fénix atlética y libre de vicios, aunque esto no es verdad, todo se puede transformar en vicio, incluso para un pájaro en llamas.
No sé cuánto rato estuve corriendo, seguramente no más de treinta minutos pero yo los sentí como cuarenta días y cuarenta noches. Al llegar a mi casa con los pies adoloridos, las piernas tiritando y bañado en sudor, me dejé caer en el sillón. Mi respiración era agitada, cualquiera que me hubiera visto habría pensado que estaba teniendo un ataque de pánico, sin embargo era otra cosa lo que me pasaba, estaba experimentando eso de lo que habla la gente que acostumbra hacer ejercicio y que en otro momento de mi vida (dos días antes) me parecía un absoluto fraude. Me sentí tranquilo, no, no es eso lo que quiero decir, es algo que sentía por primera vez en mucho tiempo, no importaba que me doliera el cuerpo, me había propuesto algo y lo había hecho. La palabra que estoy buscando quizás es plenitud, quizás no, pero digamos que es plenitud mientras intento acordarme. Bueno, fue un instante de plenitud seguido inmediatamente por una sed tremenda. Abrí el refrigerador en busca de hielo que ponerle a un vaso con agua y ahí estaba, una botella de cerveza que había sobrado del día anterior, cuando decidí llevar una vida sana y por lo mismo, tuve la obligación de hacerme mierda por una última vez. Recuerdo que comí papas fritas, bebí una cerveza y luego un vodka y luego a las tres de la mañana se me calentó el hocico y partí en busca de más cerveza, compré dos y aparentemente me tomé una y me dormí antes de tomarme la otra que ahora estaba ahí en el refrigerador mirándome con sus ojos seductores. Mientras analizaba la situación y sus variables (el calor, el cansancio, lo terrible que sería tirar la cerveza a la basura habiendo niños en África que se mueren de hambre) ya me había tomado la mitad. Me la terminé y como no había comido nada me pasaron dos cosas: me embriagué un poco y pedí una pizza que me comí a la velocidad de un ex presidario, la pizza me hizo volver a la sed y la sed al lado oscuro de la fuerza. Compré dos cervezas más y me dormí en el sillón como un bebé.
Ahora me acuerdo, la palabra era vivo. Me sentí vivo.
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